ARQUEOLOG√ćA EN EL METRO DE LA CIUDAD DE M√ČXICO

viernes, 22 de marzo de 2013

MOCTEZUMA XOCOYOTZIN II. EL REFLEJO DE UNA SOMBRA

ūüĒļPintura de San Hip√≥lito Conciliador
ūüĒļ Una gran pintura el Gran Moctezuma.

El gran tlahtoani Moctezuma Xocoyotzin encabez√≥ la √ļltima √©poca del esplendor del imperio mexica. Un imperio en constante expansi√≥n militar con muchas poblaciones sometidas que le pagaban altos tributos. El ej√©rcito y la religi√≥n eran los grandes rectores de la vida en com√ļn. Toda su historia (y su promisorio futuro), ser√≠an cortados de tajo por la irrupci√≥n b√©lica venida de Espa√Īa. Nunca se imaginaron la invasi√≥n de un ej√©rcito de un continente tan lejano y desconocido, que los someter√≠a a una monarqu√≠a destruyendo todo su tejido social, pol√≠tico, econ√≥mico, religioso y cultural; claro, en la t√≥nica insensata del genocidio.

Su escabrosa muerte caus√≥ un peso hist√≥rico qu√© trat√≥ de sobrellevarse durante los 300 a√Īos del virreinato. La naturaleza misma de la conquista no valid√≥ su asesinato pues la grandeza del imperio mexica descansaba en la figura y presencia de Moctezuma. Habr√≠a que recurrir a magnificarlo por medio de la pintura, aunque se cayera en el romanticismo, para tender un puente de continuidad que conciliara y justificara el acto de la ocupaci√≥n militar como un acto benigno. Se deb√≠a  evidenciar (para el actuar espa√Īol), que todo obedec√≠a al derecho natural de la conquista por el imperio espa√Īol tutelado  por y hacia la salvaci√≥n divina de los indios, cristianiz√°ndolos por medio de las armas. El saqueo, la explotaci√≥n de recursos y la esclavitud fueron consecuencias inevitables y paralelas  por el  servicio principal hacia  dios; as√≠ lo argumentaron siempre los protagonistas de la conquista y los frailes. De esa forma  la invasi√≥n se percibe como un acto de civilizaci√≥n y no de barbarie.  Hoy,  la ocupaci√≥n y depredaci√≥n de otro pa√≠s se  justifica en nombre de la libertad y la democracia.

 Aunque el reconocimiento de la grandeza de Moctezuma  como tal se vio reducida por su tibia actuaci√≥n y reacci√≥n ante los conquistadores, su misma muerte cre√≥ una serie de reflejos que, a la sombra de su memoria,  posteriormente se reconoci√≥ su investidura recre√°ndola en pinturas e historias. Esta actitud se vio reflejada a trav√©s de esos a√Īos. El mismo Hern√°n Cort√©s describe con  mesura la personalidad de Moctezuma Xocoyotzin, pues convivieron seis meses antes de su  tr√°gico y l√≥gico fin.

Recordemos que el mes de noviembre de 1519 Hern√°n Cort√©s hab√≠a entrado a la ciudad de Tenochtitl√°n con su ej√©rcito y miles de ind√≠genas que se sumaron a la conquista de Tenochtitl√°n. Para mayo de 1520, Cort√©s hab√≠a salido hacia Veracruz  para enfrentar a P√°nfilo de Narv√°ez que buscaba deponerlo del mando. Los venci√≥ y a muchos los convenci√≥ para apoyarlo en sus planes. Pedro de Alvarado se qued√≥ a cargo de Tenochtitl√°n. En junio perpetr√≥ una matanza de ind√≠genas en lo alto del Templo Mayor que realizaban un ceremonial com√ļn; hab√≠an pedido permiso para ello y los espa√Īoles armados lo presenciaban. Alvarado, paranoico, por miedo o precauci√≥n orden√≥ atacarlos y lo hicieron con una gran sa√Īa. El regreso de Hern√°n Cort√©s fue inmediato, pues los mexicas se enardecieron y se levantaron de inmediato en armas al mando de Cuitl√°huac sitiando a los espa√Īoles.  Cort√©s, h√°bilmente, trat√≥ de apaciguar a la poblaci√≥n usando la autoridad y presencia de  Moctezuma, pero √©ste ya se encontraba en calidad de preso y su pueblo ya no confiaba en √©l. Cuentan que recibi√≥ una pedrada en la cabeza al estar hablando ante  su gente en lo alto de uno de los templos. Tan fuerte ser√≠a el golpe, que le caus√≥ la muerte. Fray Bernardino de Sahag√ļn recibi√≥ informaci√≥n por parte de los mexicas que su deceso se debi√≥ a las heridas de una espada, marcas que mostraban claramente en su cuerpo que fue arrojado a la calle. Adem√°s, tambi√©n fue ejecutado el  ind√≠gena principal de Tlatelolco, Iztacuauhtzin. Nos dice que el cad√°ver de Moctezuma fue rescatado y entregado a Apan√©catl, que  lo llev√≥ a tres lugares donde fue rechazado (Huitzillan, Necatil√°n y Tecpanzinco). Posteriormente lo recibieron  en Acatliyac√°pan donde fue incinerado. El de Itzcuauhtli se llev√≥ a Tlatelolco. Era necesario encubrir su artero asesinato con una pedrada propinada por los de su propia raza. Varios miembros de la familia de Moctezuma fueron llevados a Espa√Īa gozando (hasta la √©poca actual), del rango de descendientes de aquel monarca con nuevos t√≠tulos nobiliarios y el que quedara vivo el antecedente del asesinato de su predecesor era poco conveniente.

En ese junio de 1520, los espa√Īoles sitiados trataron de huir a la sombra de la noche. Al ser descubiertos inici√≥ una brava  persecuci√≥n por los mexicas; a los espa√Īoles se les dificultaba la fuga por el sobrepeso de los productos del saqueo que llevaban. Fue por la antigua calzada de Tlacopan que un√≠a Tenochtitl√°n con tierra firme hacia el occidente  con ese barrio por donde los espa√Īoles escapaban. Precisamente en esa parte de la calzada donde hoy est√° la iglesia de san Hip√≥lito fue donde m√°s espa√Īoles perdieron la vida con su bot√≠n de oro y plata. Despu√©s de consumada la conquista se les recordar√≠a como “m√°rtires” y a ellos se dedic√≥ esa ermita. Sensibleramente se le recuerda como “La Noche Triste”. Se invent√≥ el cuento que Hern√°n Cort√©s llor√≥ amargamente esa derrota baja un √°rbol que a√ļn se encuentra m√°s delante de lo que ahora es la calzada de Tacuba. Los mitos nacen cuando se carece de hechos fehacientes para sostener una creencia que justifique o demuestre lo injustificable o improbable.

Siempre es necesario entrar en detalles para hilar la historia que se ve acometida con tantos hechos, que como los mismos hechos, sufren cambios inesperados y fuera de lo que inicialmente se tiene planeado. Reflexionarlo y comentarlo nos lleva a un mejor entendimiento o comprensi√≥n, aunque se haga un poco de redundancia. La importancia de la figura de Moctezuma, bajo esas circunstancias,  preocup√≥ a  la  autoridad colonial para validar la uni√≥n de un nuevo gobierno que se apoy√≥ en los elementos de la misma estructura ind√≠gena para ejercer una administraci√≥n sin mayores conflictos. Recordemos que despu√©s de la consumaci√≥n de la conquista, Cuauht√©moc fungi√≥, al igual que muchos ind√≠genas principales,  como cacique  de Tlatelolco durante dos a√Īos pero ya bajo la sujeci√≥n mon√°rquica de Espa√Īa.

Al estigma vivo que emana de la mansedumbre de Moctezuma sigue tan  enraizado que  nunca ha merecido alg√ļn monumento o escultura como el que tienen Cuauht√©moc o Cuitl√°huac. No as√≠ en la √©poca colonial , en la que casi siempre  se le evoc√≥ por su benignidad y se le representa de manera rom√°ntica con expresiones en  √©xtasis de dulce sumisi√≥n y piadosa beatitud. Este es el motivo del comentario que aqu√≠ se desarrolla, pero ya como los reflejos de una sombra.

El atrio de la Iglesia de San Hip√≥lito 


Los antecedentes que a√ļn existen sobre este tema son varios. Uno de ellos est√° en el atrio de la iglesia de san Hip√≥lito donde se aprecia un  mural en bajorrelieve realizado en piedra; bastante maltratado y diluido entre tanto comercio informal, casi pasa inadvertido. Esta iglesia es de las m√°s antiguas de la ciudad de M√©xico y es una de las m√°s visitadas durante todo el a√Īo, aunque los fieles acuden por la gran devoci√≥n a san Judas Tadeo. Fue en el siglo XVIII debido a la reconstrucci√≥n de esa iglesia cuando el arquitecto mexicano Jos√© Dami√°n Ortiz de Castro le a√Īadi√≥ esa obra al atrio. El tema es claro y obvio: representa y recuerda el triunfo de los conquistadores del 13 de agosto de 152. Aunque el lugar donde los espa√Īoles derrotaron definitivamente a los mexicas fue en Tlatelolco, la construcci√≥n de la ermita se construy√≥ porque ah√≠ los espa√Īoles sufrieron la corretiza que se coment√≥. Entonces y as√≠, el que se escogiera ese lugar para recordar su triunfo final obedeci√≥ m√°s que nada a u n acto por la recuperaci√≥n de su prestigio por no decir de venganza.

El lenguaje visual del bajorrelieve, contiene además un mensaje textual claro y directo tanto para un pueblo vencido, tanto como la justificación del vencedor.

El lugar y la construcci√≥n de la Ermita de los M√°rtires fue a iniciativa de Juan Tirado en marzo de 1524, uno de los soldados de ese ej√©rcito. Los llamados “m√°rtires” fueron los soldados que murieron esa noche. En su recuerdo se depositaron ah√≠ los restos mortuorios de algunos de ellos. Bernal D√≠az del Castillo, tambi√©n soldado de Hern√°n Cort√©s y despu√©s un l√ļcido cronista, en su obra “Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva Espa√Īa”, apunta sobre ese lugar:

“Una iglesia que nosotros hicimos luego de la destrucci√≥n de Tenochtitlan haciendo la donaci√≥n en propiedad del solar que ocupara el cabildo, el 11 de agosto de 1524, debiendo advertir que en la primera acta del libro de cabildos con fecha 8 de marzo del mismo a√Īo, aparece citada la propiedad de Garrido, que poco despu√©s fue la ermita dedicada a San Hip√≥lito, ya que la consumaci√≥n de la conquista ocurri√≥ el 13 de agosto”.

Existe una confusi√≥n hist√≥rica, por falta de datos, si fue Juan Tirado o Garrido (tambi√©n con el nombre de Juan), quien propuso la construcci√≥n de esa memoriosa ermita. Quedar√≠a como respuesta que  Tirado tuvo la idea original y se construy√≥ en un solar que pertenec√≠a a Garrido.

Se sale un poco de la l√≥gica que los soldados espa√Īoles derrotados en “la noche triste” hayan tenido tiempo de recoger a sus muertos para depositar despu√©s sus restos mortuorios en esa ermita. En el mismo Bernal D√≠az del Castillo encontramos la respuesta, pues relata que en el ataque final a la Gran Tenochtitl√°n contra los tlatelolcas, donde ten√≠an “otros adoratorios y una torrecillas”, encontraron colgadas en lo alto de unas vigas muchas cabezas de espa√Īoles muertos en otras batallas, que despu√©s “enterramos en una iglesia que hicimos que se dice ahora de los m√°rtires, cerca del puente que dicen el salto de Alvarado”. A√Īade que las cabezas “ten√≠an los cabellos y las barbas muy crecidos, mucho mayor que cuando eran vivos, y no lo hab√≠a yo cre√≠do, si no lo viera…” Este dato sorprende; primero porque √©l reconoce en esos restos a algunos de sus compa√Īeros de armas (pues conservan la piel facial). Segundo, porque las cabezas de alguna manera se sometieron a un proceso de conservaci√≥n para no pudrirse. Y tercero, que impresiona m√°s, que la cabellera, barba y bigote, estuviesen m√°s crecidos. Al margen de este comentario,  lo m√°s probable es que esas cabezas  fuesen de los muertos en el  enfrentamiento de la “noche triste”,  pues antes no hubo otro encuentro entre mexicas y espa√Īoles. (Cabe mencionar que por  la construcci√≥n de la L√≠nea 2 del Metro, en 1974, se hicieron trabajos de nivelaci√≥n en esa iglesia y se encontraron los restos de estos espa√Īoles en la capilla del Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs).

El efecto de la importancia de la ermita caus√≥, por esas circunstancias, que cada 13 de agosto se celebrara una fiesta c√≠vica obligatoria por mandato oficial en 1529 a la que se a√Īad√≠a el Paseo del Pend√≥n.]Para 1559 se inici√≥ la construcci√≥n del templo, pues la ermita era de adobe. M√°s adelante, en 1585, se reconfirm√≥ esa conmemoraci√≥n como d√≠a de guarda  obligatoria por el Tercer Concilio Mexicano. Con diversas modificaciones se reconstruy√≥ formalmente hasta 1740, con un solo campanario, obra que concluy√≥  en 1777.  En1822, por efecto de la Independencia de M√©xico, bajo el imperio de Iturbide que se suprimi√≥ la festividad del Paseo  del Pend√≥n porque resultaba ofensiva y ya inoperante, pero la misa que se le dedicaba a San Hip√≥lito ese d√≠a se sigui√≥ celebrando porque ese santo estaba declarado como patrono de la ciudad.

La legitimidad del proceder y pensamiento espa√Īol respecto a esa obra  tiene su raz√≥n de ser  en el tiempo en que el actual M√©xico era una colonia. No es una pretensi√≥n que todos esos monumentos y manifestaciones coloniales desaparezcan, pero s√≠ el saber verlos y entenderlos en su contexto original.

Si bien la intenci√≥n del arquitecto que construy√≥ el atrio de esa iglesia fue clara y obedec√≠a a una ideolog√≠a con un mensaje directo de dominio y sometimiento, con el tiempo surgi√≥ una leyenda que le dio una “lectura” diferente a la obra de esa esquina. El acomodar ideas y discursos  (en este caso por medio de cuentos o leyendas) para justificar actos que tienen otro sentido, son la salvedad de que la ret√≥rica puede permear y ocultar el sentido original de una acci√≥n.

As√≠ fue  c√≥mo surgi√≥ una leyenda respecto a lo que el com√ļn de la gente ve√≠a o “traduc√≠a” de los elementos que componen el esculto-mural del atrio que mencionamos y que se conoci√≥ como “La Leyenda del Labrador:

“Cuenta la leyenda que mientras un pobre labrador trabajaba en su milpa de Coatepec descendi√≥ sobre √©l un √°guila para llev√°rselo hasta la entrada de una cueva donde una voz le convid√≥ a pasar; ya en el interior se percat√≥ que su gran emperador Moctezuma dorm√≠a sobre un blando lecho de pieles y mantas. De nuevo oy√≥ la voz que le dec√≠a: "…mira a ese miserable de Moctezuma cual est√° sin sentido, embriagado con su soberbia e hinchaz√≥n que a todo el mundo no tiene en nada; y si quieres ver cu√°n fuera de s√≠ le tiene esa soberbia, dale con ese humazo ardiendo en el muslo y ver√°s c√≥mo no siente".

“Temeroso, el aborigen se resist√≠a a ejecutar tal afrenta, m√°s la voz insisti√≥ y de pronto se vio arrim√°ndole el fuego al emperador hasta que la carne chirri√≥ y hume√≥ sin que el gran tlatoani se moviera siquiera. Por tercera ocasi√≥n la voz le instruy√≥ a que regresara al sitio de donde hab√≠a sido tra√≠do y se presentara ante Moctezuma para que le contara lo que hab√≠a presenciado y como prueba de tal visi√≥n le dijera que le mostrara el muslo y le se√Īalara donde √©l le hab√≠a herido. En el acto el emperador mand√≥ a prisi√≥n al desgraciado mensajero y pasado un tiempo su cad√°ver fue echado a las bestias del campo para que lo devoraran”.

En otras versiones se hace √©nfasis al labrador en que se le dice  “… vuelve al lugar del que fuiste tra√≠do y dile a Moctezuma lo que has visto y lo que te mand√© hacer; (…) dile que tiene enojado al Dios de lo creado y que √©l mismo se ha buscado el mal que sobre √©l ha de venir (la Conquista) y que ya se le acaba su mando y su soberbia…”

En estos √ļltimos tres renglones se argument√≥, por sugesti√≥n del catolicismo, que el castigo de Moctezuma (y para todos sus s√ļbditos), se deb√≠a a la negaci√≥n del emperador mexica al no reconocer al verdadero  dios y los males que sobrevendr√≠an por su actitud. Es un relato que justific√≥ la raz√≥n de  la conquista por  voluntad  divina.

El cronista Artemio del Valle-Arizpe describe as√≠  el esculto-mural labrado del templo de San Hip√≥lito: “Est√° en relieve una gran √°guila que levanta cogido entre sus garras a un indio con su cenal de plumas y airosa garzota, y debajo un trofeo formado por arcos, flechas, hondas, macanas, carcaxes, mazas tamboriles, teponaxtles, fl√°mulas (banderines) mexicanas, y otras armas de los antiguos abor√≠genes, y en la parte superior se ve un le√Īo encendido”. Pasa por alto que el indio lleva una corona y que por ello no es una persona com√ļn.

Debemos notar que en la esquina del atrio, en la parte superior, est√°n los restos de lo que fue una peque√Īa escultura, seguramente de San Jos√© cargando al ni√Īo Jes√ļs. Est√°  totalmente desmoronada por la poluci√≥n ambiental. Descansa sobre un gran  √≥valo que contiene un texto  que a√ļn puede leerse:

“FUE TANTA LA MORTANDAD QUE EN ESTE LUGAR HICIERON LOS AZTECAS A LOS ESPA√ĎOLES LA NOCHE DEL DIA 1° DE JULIO DE  1520 LLAMADA POR ESTO “LA NOCHE  TRISTE” QUE DESPUES DE HABER ENTRADO TRIUNFANTES A ESTA CIUDAD LOS CONQUISTADORES AL A√ĎO SIGUIENTE RESOLVIERON EDIFICAR AQU√ć UNA ERMITA QUE LLAMARON DE LOS MARTIRES Y LA DEDICARON A S. HIP√ďLITO POR HABER OCURIRIDO LA TOMA DE LA CIUDAD  EL DIA 13 DE AGOSTO EN QUE SE CELEBRA ESTE SANTO.

AQUELLA CAPILLA QUED√ď A CARGO DEL AYUNTAMIENTO DE M√ČXICO QUIEN ACORD√ď HACER EN LUGAR DE ELLA UNA IGLESIA MEJOR QUE ES LA QUE HOY EXISTE Y FU√Č COMENZADA EN 1599”.

Sin especulaciones y objetivamente en el esculto-mural se ve a  un ind√≠gena con una corona (un copilli mexica); lo viste un pectoral de algod√≥n, un faldell√≠n de plumas y sus pies carecen de sandalias. La corona indica, sin lugar a dudas, que es el monarca mexica Moctezuma. Una gran √°guila lo levanta por los aires sosteni√©ndolo con su enormes u√Īas clavadas en el t√≥rax. La tensi√≥n muscular causada por ese sufrimiento se nota en sus extremidades que se contraen; expresa una gran mueca de dolor en sus facciones. Entonces, no es un ind√≠gena labrador que levant√≥ el √°guila para ser llevado a la cueva donde supuestamente estaba dormido el  monarca, pues el ind√≠gena com√ļn jam√°s portaba una corona ni ese tipo de vestimenta. A los lados y abajo del √°guila y el personaje, se ven las armas y los elementos que nos describe  Artemio del Valle-Arizpe. El √°guila, puede sostenerse como criterio, es la de san Juan a que era adepta la cristian√≠sima reina Isabel la Cat√≥lica y que se us√≥ despu√©s y por varios siglos en el escudo imperial, incluso hasta la √©poca de Francisco Franco precisamente por la caracter√≠stica del acendrado devocionismo ib√©rico. Las armas que est√°n a los lados del motivo principal se ve que cuelgan de una argolla, lo que puede denotar el t√©rmino de la guerra o las armas en reposo. Se menciona un le√Īo encendido bajo los pies del monarca, tambi√©n indicativo del triunfo b√©lico de la antigua ciudad en cenizas y no para quemarle un muslo al indolente Moctezuma. El √≥valo superior que contiene el texto est√° rodeado por diez pencas de nopal; al igual que el escudo de la Nueva Espa√Īa otorgado por Carlos V, significan tambi√©n a Tenochtitl√°n hecho pedazos, destruido. El √≥valo descansa sobre un conjunto de banderines con bastones de mando, pero tambi√©n y en todo el conjunto est√°n otras coronas mexicas. Sin duda, aluden a los √ļltimos tres monarcas mexicas: Moctezuma, Cuitl√°huac y Cuauht√©moc, tal y como est√°n en uno de los cuarteles del escudo de armas de Hern√°n Cort√©s. Es el mensaje claro a que alude la composici√≥n de los elementos del conjunto. Al verlo el espa√Īol, seguro sent√≠a orgullo; el ind√≠gena, humillaci√≥n.

Queda a juicio del lector la observaci√≥n y conclusiones propias. Lo que aqu√≠ se expone tiene sustento en una reflexi√≥n objetiva. El “cartucho ideol√≥gico”, como alguien mencion√≥ sobre el tema que se desarroll√≥ en el atrio de esta iglesia, tuvo validez en la √©poca de su creaci√≥n. No es una exageraci√≥n expresar que sea un s√≠mbolo de poder en la ciudad de M√©xico, de un poder que ya no es.


Iglesia de San Hip√≥lito y Atrio da√Īado y copado.

Foto a Iglesia y Atrio de San Hipólito siglo XIX.

Tríptico Atrio 1.

Tríptico Atrio 2.

Tríptico Atrio 3.

A√Īo 2003 escultura superior m√°s conservada.

Restos de la escultura superior del atrio.

Texto en el óvalo.

Corona 1.

Corona 3 y armas colgadas de una argolla.

El Monarca

El Monarca atormentado

El  rostro de dolor

Armas colgadas de argolla y un posible caduceo

San Hip√≥lito a√Īos 50

Muerte Moctezuma del Códice Florentino


El biombo de la conquista de México, detalles.


La referencia del  t√≠tulo de lo que aqu√≠ se relata, el alarde de la conquista y sobre la figura de Moctezuma Xocoyotzin, la encontramos en otras tres narraciones visuales. Se pueden observar en algunos detalles de un biombo de estrado con diez hojas que se encuentra en el Museo Franz Mayer. Titulado La muy Noble  y Leal Ciudad de M√©xico - Conquista de M√©xico y Vista de la Ciudad de M√©xico, data de finales del siglo XVII.  En uno de los lados se ve todo el proceso de la conquista y los personajes principales: la entrada del ej√©rcito espa√Īol, el encuentro entre Moctezuma y Hern√°n Cort√©s, el enfrentamiento de Moctezuma con los mexicas descontentos y las batallas que tuvieron. Se nota el poder√≠o de las armas del ej√©rcito espa√Īol (caballos,  el  armamento de p√≥lvora, espadas y lanzas met√°licas, y las armaduras).

Ah√≠ destacan dos detalles: Moctezuma  en un balc√≥n, enfrenta a su pueblo indignado. Vestido con toda la dignidad de monarca lleva una corona de oro pero con el √°guila bic√©fala espa√Īola. Quiz√° por la conveniencia que exculpa, como se mencion√≥ antes, aparece Cuauht√©moc con una onda a punto de romperle la cabeza al monarca. Se le identifica literalmente en la pintura.

En otra peque√Īa parte, para ilustrar la conclusi√≥n de la conquista  se ve a Pedro de Alvarado triunfante sobre el Templo Mayor. Enarbola la bandera del imperio espa√Īol, varios soldados siguen atacando y se ven los cad√°veres de algunos ind√≠genas.  Bajo los pies de Alvarado est√° el √°guila mexica muerta, pero a la vez total y oprobiosamente desplumada; su cabeza aparece con rasgos deformados que la hacen parecer entre perro y demonio. Visualmente, como punto fuerte de la composici√≥n pict√≥rica, se muestra el triunfo rotundo con una intenci√≥n de mofa,  pintando el abatimiento y muerte del imperio mexica por un √°guila totalmente denigrada. Est√° documentado que el biombo perteneci√≥ a los descendientes de Moctezuma que radicaban en Espa√Īa y que lleg√≥ a nuestro pa√≠s por la v√≠a de compra. Quiz√° por amor propio, o la pena, se vieron obligados  a venderlo. Existen por lo menos tres biombos m√°s con el mismo tema: en el Museo del Castillo de Chapultepec, en la Colecci√≥n de Banamex y en el Museo del Virreinato.


Moctezuma en el biombo del Mayer.

Cuauhtémoc lanzarocas.

Alvarado con la bandera imperial en el Templo Mayor Mexica.

Detalle √°guila desplumada.

Pintura de San Hipólito Conciliador


En una pintura an√≥nima, tambi√©n del siglo XVII del mismo museo, est√°  san Hip√≥lito  montado sobre una gran √°guila sobre el nopal (Tenochtitl√°n), aunque el √°guila m√°s bien parece una gallina gorda; no se pint√≥ a  la serpiente. Aqu√≠ el √°guila sobre el nopal  hace una clara referencia al imperio  mexica. El santo lleva en la mano derecha una bandera imperial y en la otra una fina espada. A los lados est√°n el emperador Moctezuma y  Pedro de Alvarado. La actitud de ambos, por la expresi√≥n de sus rostros, es de bondad, absoluta paz y √©xtasis beat√≠fico. Se identifican plenamente por una inscripci√≥n literal. Cada uno est√° acompa√Īado de su gente.  A Moctezuma lo distingue sus prendas y corona adornadas de plumas, igual que como lo vemos en la escultura del atrio de la iglesia que comentamos. Un cacique ind√≠gena mand√≥ a que se pintara esa obra para mostrar su fidelidad al reino espa√Īol, como lo expresa la cartela en la parte inferior. Cuatro √°ngeles, uno en cada esquina,  portan de manera ilustrada pasajes de la vida de san Hip√≥lito. En esta pintura existe m√°s una idea de conciliaci√≥n que de enfrentamiento o alarde de la conquista, con la intenci√≥n sutil al estar el santo montado sobre el √≠cono mexica, aunque es extra√Īo que aparezca Pedro de Alvarado y no Hern√°n Cort√©s. ¿Qu√© sentido tuvo mostrar a Moctezuma y a Alvarado en una actitud armoniosa, casi tomados  de la mano amorosamente? ¿Y a san Hip√≥lito montado sobre el √°guila mexica? Ninguno. El cacique que la mand√≥ pintar s√≥lo muestra una redenci√≥n cortesana y de sometimiento supino hacia un monarca al que le ofrece obediencia para la conservaci√≥n de sus prebendas.


San Hip√≥lito a√Īo 1764 Museo Franz Mayer.


Moctezuma en la pintura de San Hipólito


Pedro de Alvarado en la pintura de San Hipólito.


Una gran pintura del Gran Moctezuma.


Moctezuma idealizado en la √©poca virreinal por su mansedumbre y maleabilidad, se us√≥ en el imaginario como ejemplo de docilidad y conformidad  ante un destino ineludible. Tomamos como ejemplo otra pintura en gran formato de este personaje (185 x 100 cm.), que pertenece a una colecci√≥n particular. Tambi√©n de autor an√≥nimo, es del siglo XVII. Perdida la pertenencia del due√Īo original, se comenta vagamente que esta obra estaba en un recinto del antiguo T√©cpan (palacio de gobierno) de Tlatelolco que a√ļn administraban caciques nobles ind√≠genas.

Una mirada r√°pida a lo que muestra esa pintura, es a un Moctezuma de tama√Īo original. Producto de la imaginaci√≥n, los pintores tratan de recrear sus facciones. Lo ci√Īe una gran corona en la que se nota el √°guila bic√©fala imperial de los Habsburgo, un gran collar con medallones y piedras preciosas, el cinto, el mac√°huitl  (arma mexica), un cetro y las sandalias son, pesadamente, de oro. Tambi√©n de ese metal,  la bordura superior de la capa y el faldell√≠n. El monarca posa su mano izquierda en el pecho. Su cabeza est√° semi inclinada hacia la diestra. Desde luego se nota la actitud de sumisi√≥n mezclada con una infinita tristeza. En el cinto parecen apreciarse dos guerreros, uno mexica y el otro espa√Īol, con una piedra preciosa al centro, piedra de una especie que no se usaba ni conoc√≠an aqu√≠.

Un detalle especial le da la connotaci√≥n m√°s importante: en el piso y un poco m√°s atr√°s de los pies del monarca, se ve una elaborada corona de oro. En la parte superior le sobresale un √°guila sobre el nopal que se alcanzan a distinguir, adem√°s de que  la adornan tres plumas de color blanco, rojo y verde. Nuevamente aparece este s√≠mbolo como distintivo del imperio mexica. No en vano el actual escudo nacional conserv√≥, pese a todas la vicisitudes hist√≥ricas, ese s√≠mbolo como distintivo nacional e hist√≥rico, que los mismos espa√Īoles reconoc√≠an, se insiste, como distintivo no s√≥lo de Moctezuma, sino tambi√©n de la ciudad de M√©xico-Tenochtitl√°n. Esta corona, en el piso, muestra claramente lo que ya no era, la inexistencia del imperio mexica. Por ello aparece el √°guila bic√©fala en la corona que ci√Īe a Moctezuma, ya como un monarca que reconoce y forma parte del imperio espa√Īol.

El autor de la pintura, y del que la mand√≥ hacer, conoc√≠an y cuidaban de las formas en que Moctezuma deb√≠a aparecer, de acuerdo al dominio en que viv√≠an: mostrar humildad pese a la gran riqueza del atav√≠o de Moctezuma. La imagen en s√≠ misma se sume en las sombras. Un an√°lisis reciente de rayos x, muestra un trazo anterior y diferente al que ahora vemos: la cara de Moctezuma se muestra altiva e irreverente con la vista al frente y desafiante. Ello era un detalle intolerable para el celo  espa√Īol de esa √©poca, pues se mand√≥ a hacer la correcci√≥n pertinente de la pintura y se oblig√≥ al autor y a sus due√Īos a modificarla: el monarca deb√≠a  mostrar subordinaci√≥n y resignaci√≥n ante quien entreg√≥ su reino.

El orgullo de pertenecer a la familia del monarca mexica en la √©poca colonial debi√≥ ser la idea de realizar esa pintura aunque autocensurada en s√≠ misa por los elementos que la componen. Esas caracter√≠sticas  hicieron que el gran oleo se perdiera en el tiempo y de la vista de todos. La exageraci√≥n de su vestimenta, la corona que le ci√Īe y la que yace en el piso, degradan y muestran un  Moctezuma impotente. Otra vez, el alarde de la conquista. A√ļn con la denotaci√≥n de la investidura, es  notorio el discurso del pintor: el tama√Īo natural del monarca, la composici√≥n, los colores, los elementos que visten y adornan con oro Moctezuma. Lo que deb√≠a ser resplandor por su figura e importancia se transforma en sombra por la profundidad de los negros que lo envuelven, la cabeza postrada, la corona imperial mexica en el piso aplasta su condici√≥n redimida al casi depositar tambi√©n en el suelo el cetro que lleva en la mano derecha y llevar ce√Īida una corona con el √°guila bic√©fala. Aunque se respeta su talla f√≠sica y mon√°rquica, la connotaci√≥n de la obra muestra al personaje con el esp√≠ritu arrodillado. ¿Ser√° que el esp√≠ritu se encuentra en el lugar donde posa su doliente mano izquierda? Pese al oro que le ci√Īe y viste, no deslumbra ni vislumbra el reflejo de su sombra en la historia.


√ďleo de Moctezuma.

Detalle corona mexica.

Rayos X de la pintura.

Detalle rayos X.


Litografía posterior a la pintura de Moctezuma.

Carlo Ard√°n Montiel J.
Marzo 2013.

Lecturas recomendadas:
➧ Jaime Cuadriello,  Pinceles de la Historia, el origen del reino de la Nueva Espa√Īa, 1680-1750, Museo Nacional de Arte, INBA-CONACULTA-IIE-UNAM, Junio-Octubre, 1999, p. 59.
Bernal D√≠az del Castillo, Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva Espa√Īa.
Fray Bernardino de Sahag√ļn, Historia General de la Cosas de la Nueva Espa√Īa.
Hernán Cortés, Cartas de Relación.

Nota: Jaime Cuadriello, hace una elegantísima descripción de la figura de Moctezuma que se encuentran bellamente ilustradas en el libro que se cita. Es insuperable. Los otros tres libros se encuentran en diferentes editoriales y precios y es recomendable su lectura; a interés del lector, puede leer selectivamente los pasajes que aquí se describen.

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