ARQUEOLOGÍA EN EL METRO DE LA CIUDAD DE MÉXICO POR CARLO ARDÁN MONTIEL J.

sábado, 28 de mayo de 2016

EL ESCUDO DE LA CIUDAD DE MÉXICO, SIGNO DE DERROTA Y VASALLAJE

Introducción

De todos es conocido el Escudo de la Ciudad de México, fácilmente identificable. Existe un gran detalle que es el que llama la atención: a una pregunta expresa pocas personas saben o pueden detallar los elementos o figuras que lo componen y, menos aún,  su origen, historia o significado.

Son, precisamente, esas últimas tres palabras (origen, historia y significado) por las que se da este trabajo. Desde hace tiempo se ha querido cambiar este escudo y esta texto no es una continuidad de aquellas, pues  desconozco las de años recientes  y la que aquí se expone nace de una reflexión absolutamente personal.

A partir del 13 de agosto de 1521 el dominio del imperio de México-Tenochtitlán terminó con una  campaña de conquista por el reino español. Bajo el dominio de la corona española  y con el nombre de Nueva España, inició la época colonial que duró 300 años, época de la que somos producto, evidencia y suma.

Una suma porque a la asimilación de la imposición de lo español,  se añadieron los orígenes propios. Independientemente del conservadurismo de las castas  y las clases altas de origen ibérico, con el tiempo creció exponencialmente la población criolla y el mestizaje. Los pueblos originarios, al margen de esa sociedad cerrada, se sumaron también  al sincretismo cultural y religioso, dándole valores inconfundibles. A la innegable  riqueza de la cultura española se sumó, por ejemplo, en cuanto a la adopción de la lengua castellana y el desenvolvimiento de la arquitectura, el genio de la idiosincrasia indígena y mestiza que enaltecieron esplendorosamente la monumental palabra en la literatura y la exuberancia del prodigioso estilo barroco mexicano.

Los sucesos políticos en Europa al final del siglo XVIII e inicios del XIX, tuvieron efectos contundentes en las colonias españolas del Continente Americano. El reino español, decadente  y atolondrado, provocó que finalmente esas colonias tan preciadas se independizaran de su dominio.

El territorio de la Nueva España, sus ciudades, provincias y villas iniciaron de manera incipiente su Independencia en el año de 1810, logrando su consumación hasta 1821. Desde el inicio de esos 300 años de sujeción al reino español  se originó el escudo de la Ciudad de México,  que aún persiste, lo que nos subraya 493 años de  su existencia. Ese escudo debía permanecer solamente en los archivos como un documento de esa época.

REFLEXIONES SOBRE EL ORIGEN DEL ESCUDO  DE LA CIUDAD DE MÉXICO

No obstante y aún de que este tema  haya sido tratado antes o de que existan antecedentes con intenciones similares, como ya se mencionó,  su argumentación no pierde vigencia ni carece de sentido. No faltarán, debido a la diversidad de opiniones y formas de pensar, quienes  se opongan  a este proyecto con criterios que  cuestionen estos testimonios, pero la libertad de expresión se impone  por sí misma y las diferencias siempre se suman para enmendar, corregir o apuntalar mejor lo propuesto. Las omisiones que puedan  tener los fundamentos que se exponen en este sitio estarán dispensadas por no ser un historiador, sino un ciudadano común quien lo sostiene, sumamente interesado en la historia de su país y de su ciudad.

Entonces y así, reflexionar sobre el origen de ése escudo debe partir de la observación, reflexión  y análisis de los elementos que lo forman, guiados tan sólo por el sentido común y la lógica.

Varios  Estados de la República Mexicana, ciudades, municipios  o villas, aún tienen escudos otorgados por Cédulas Reales de la época colonial que aquí no se reseñarán.

Hoy, más que nunca y con motivo del inicio formal de le Reforma Política del Distrito Federal, la formación de su Constituyente,  y ya como Ciudad de México, es necesario recapacitar sobre este tema. Es necesario deshacernos de esos lazos que suenan como cadenas.

Origen del Escudo de la Ciudad de México

Época Colonial

El origen del Escudo de la Ciudad de México, propiamente otorgado a la Nueva España se autorizó el 4 de julio de 1523 por  el rey  Carlos V concedido bajo “Cédula Real” a los vasallos españoles de “la Gran Ciudad de Tenoxtitlán-México un escudo de Armas y Divisas, que trajesen en sus Pendones”. Debemos notar que en las  relaciones históricas frecuentemente se cita el nombre de Tenochtitlán-México. El nombre de Tenochtitlán, como topónimo significativo de esta entidad, desapareció en la nomenclatura de la actual Ciudad de México.

El nombre de  Nueva España (del Mar Océano),  fue a sugerencia de Hernán Cortés en su segunda  Carta de Relación a Carlos V en 1520 y se llamó así a partir de la consumación de la conquista el 13 de agosto de 1521.  Ese nombre desapareció, pero el escudo sigue vigente en nuestra ciudad no obstante y a pesar de que se padecieron  la guerra por la Independencia, dos frágiles gobiernos imperiales, la época de la Reforma y la Revolución. Toda una saga de guerras, confrontaciones y enfrentamientos civiles, a lo que se sumaron las invasiones de Estados Unidos de Norteamérica y Francia, todo en un incesante  mar de sangre.

La Nueva España fue el territorio establecido en lo que fue Tenochtitlán y  capital del Virreinato de la Nueva España desde esa época, además de los demás reinos y capitanías que se fueron agregando  al expandirse la conquista. Su escudo llegó a identificar todo el virreinato de Mesoamérica.

Observemos los elementos principales del escudo:

Es una de las reproducciones más antiguas del escudo español del Ayuntamiento de la Ciudad de México, aunque indebidamente está timbrado con la corona imperial. Foto tomada de la Internet. La torre al centro es y simboliza el imperio mexica y la ciudad de La Gran Tenochtitlán, que se representa como un castillo. Los heraldistas españoles desconocían cómo era esta ciudad o la forma de una pirámide.

Los tres puentes hacen alusión a las tres grandes calzadas que unían la ciudad con los poblados del Valle de México  (Iztapalapa, Tacuba y el Tepeyac).

El lago de Texcoco que rodeaba la ciudad es muy claro.

La orla del escudo tiene diez artejos de nopal que hacen referencia directamente  al nombre propio de Tenochtitlán. El nopal, topónimo de esta ciudad, está despedazado.

Los dos leones a cada lado de la torre, y al que le clavan sus uñas, son símbolos del poder de dominio y sometimiento, de victoria, y connotan la derrota de la ciudad conquistada.

Literalmente  en  la  “Cédula Real” se expresa el motivo y actitud de los leones: que hazga (n) con las  uñas en dicho castillo, de manera, que tengan los pies, en el puente, y los brazos en el castillo, en señal, de la Victoria, que en ella hubieron los dichos Cristianos. Esta  descripción de la intención de los leones de clavar las uñas, agredir o acometer  a la torre es bastante clara, en el sentido de que hazga (n) tuvo como resultado la victoria del ejército español. Ese escudo, como un explícito símbolo de  poder, cumplía la función de exhibir el éxito de una guerra de conquista, que es el propósito fundamental de los escudos de armas.

El énfasis de la victoria

Los primeros libros de la historia de la conquista,  y la pintura, fueron los medios para exaltar y darle un tono heroico a esa gesta. Existen varios biombos con ese tema en los que se repite el mismo guion historiográfico con idealizaciones y exageraciones,  producto del imaginario español. Son del siglo XVII los ejemplos que se muestran. En sus escenas, una coincide en mostrar a Hernán Cortés sobre el Templo Mayor de Tenochtitlán enarbolando la bandera monárquica en señal de la victoria lograda, bajo sus pies aparece muerta el águila mexica.  

 

Biombo de la Conquista de México. Anónimo. S. XVII. Museo Franz Mayer. Detalles. Foto del autor.


En el biombo que se encuentra en el Museo Nacional del Virreinato en Tepotzotlán, Estado de México, con el mismo tema y escena, se ve la toma de Tenochtitlán pero con el águila  convertida en un dragón (¿?) abatido, símbolo del mal o lo diabólico para los españoles.
Biombo de la Conquista de México, Museo Nacional de Virreinato
Tepotzotlán, Estado de México. Anónimo. Detalle. Foto del autor.

En el biombo de la Conquista de México por Hernán Cortés que se encuentra en el Museo de América, Madrid. Se repite la misma escena sobre el Templo Mayor de Tenochtitlán y se matiza en otra lámina la quema de ídolos y la muerte física del águila a punta de espada.

Conquista de México por Hernán Cortés, 1698. Miguel y Juan González. Detalle. 
Tomada de la Internet

Detalle.

El logotipo oficial del escudo de la Ciudad de México y esa escena de los biombos, sugieren  una  percepción triste y tajante que los abrevia en una sola imagen:

Ilustración del autor.

Sin que existiera autorización monárquica, el escudo español de la Nueva España se  timbró con la corona imperial. Existen dos piezas originales en  el Museo de Historia del Castillo de Chapultepec.

Cruz de Borgoña con  escudos de La Nueva España, Siglo XVII. Museo del Castillo de Chapultepec.
130 X 128 cm. Foto del autor.

Detalle

Estandarte de La Nueva España. Siglo XVII
Museo del Castillo de Chapultepec. 63 x 76 x 95 cm. Foto del autor.

Detalle

La persistencia hacia el origen

Las modificaciones del Escudo de la Nueva España, aunque aisladas o  que no fueron determinantes, mostraban una inquietud en que subyacía la intención clara de retomar los símbolos que representaban las raíces originales y que tenían más valor que los designados por la heráldica española. El águila y el nopal renacían de manera natural, no habían sido olvidados. Los criollos ya buscaban una identidad propia. El águila y el nopal, con o sin serpiente,  que ilustraban la fundación de México- Tenochtitlán en algunos códices novohispanos de los friales historiadores, fueron la fuente para que esos símbolos se agregaran al escudo novohispano. Nació, sin pretensiones ideológicas declaradas, una simbiosis que conciliaban o confrontaban los símbolos de poder.

Año de 1660. Tesis de  Francisco Antonio Ortiz, dedicada al duque de Alburquerque, 22° virrey de la Nueva España. El grabado contiene al centro el escudo de armas del duque timbrado con la corona imperial. A los lados se ven  las alegorías de Europa y  América.  Al centro, unidos por la concordia (el corazón), se ve el escudo de la Nueva España y el  del águila y la serpiente sobre el nopal. Sorprende la aparición y  aceptación de los símbolos legítimos indígenas unido al novohispano en un sentido de armonía. Foto tomada de la Internet.

Francisco Antonio de Lorenzana y Butrón. Arzobispo de México 1766-1771. Escribió la Historia de la Nueva España, escrita por su esclarecido conquistador Hernán Cortés en  1770. Es la primera edición colonial de las Cartas de Relación de Hernán Cortés.  El grabado de la portada muestra a la Nueva España personificada en una mujer noble rodeada de armas y códices mexicas. En su brazo izquierdo descansan los elementos de la conquista: la espada y los símbolos de la  religión. En el fondo, sobre una cúpula un solado español triunfante con su banderola monárquica; más atrás, muy  desdibujado, el  imperio mexica con un indígena que apunta con su arco al cielo. En primer plano, el águila mexica, de espalda, resume el mensaje de  la composición: la rapaz carga el escudo de la Nueva España orlado con los artejos del nopal; la serpiente parece huir de la escena. Foto tomada de la Internet.
 
Detalle.

Francisco Javier Alegre, fue un erudito fraile jesuita mexicano. En el año de 1767 los jesuitas fueron expulsados de la Nueva España. En el exilo, en 1776, escribió una traducción versificada en  latín de la Ilíada de Homero, entre otras obras. En la portada de su libro, de manera sorprendente, aparece una hermosa águila sobre el nopal en el que se enreda una serpiente. En el pecho del águila, en  contrasentido del grabado en la obra del arzobispo Lorenzana, lleva el escudo de la Nueva España con la corona imperial al igual que el águila. La ilustración, fuera del contexto de la obra en sí misma, porta orgullosamente el sello del origen  nativo de su autor.  Foto tomada de la Internet.

El historiador Manuel Carrera Stampa en el año de 1960,  en su obra El Escudo Nacional,  realizó un extraordinario  encomio iconográfico  respecto a su  origen histórico y evolución. En cuanto  al escudo colonial de la  Nueva España le dedicó un capítulo especial en las páginas 83-109. Se muestran algunos ejemplos.

Medallas conmemorativas troqueladas en la Nueva España de la proclamación al trono de Luis I y Fernando VI, de los años 1724 y 1747, respectivamente.

En las innovaciones del estilo del escudo colonial, aparte de añadir el águila a manera de timbre, también se sumaron el nopal y ocasionalmente la serpiente; símbolos que hacían referencia al relato fundacional de México-Tenochtitlán y del imperio mexica. Los tres puentes que aparecen en el escudo español original se sintetizaron, de manera absurda, en un puente de tres ojos o arcos.

Troquel para la medalla de proclamación de Carlos III en 1769 por la Villa de Tepeaca.

Escudo muy elaborado de Gabriel de Mendieta y Rebollo, escribano Mayor del Cabildo de la Ciudad de México. Siglo XVII. Como elementos adicionales, bajan dos águilas de la corona imperial. Los nopales nacen del puente de tres arcos y a los lados unas columnas de Hércules con la leyenda Non Plus Ultra. Foto tomada de la Internet.
 Escudo estilo cartela  con el águila y la serpiente sobre el nopal, con la palabra MEXICO.
Siglo XVII.  Del libro de Carrera Stampa.

Grabado del siglo XVIII, anónimo. Aparece solo el castillo rodeado del nopal montado por el águila y la serpiente. El de 1777, se usó para ilustrar la Compendiosa narración de México, obra  de Juan de Viera. Se ve solamente el puente de tres ojos. A los lados de la corona imperial, aparece en una banda el nombre de  Tenosticlan. Dibujos de Carrera Stampa.

Escudo timbrado de la misma época, con el águila a un lado, además de un arco,
el carcaj y un tambor. Foto tomada de la Internet.

Reverso de la medalla EN SU EXALTACIÓN AL TRONO. LA CIUDAD DE MÉXICO. EN 13 DE AGOSTO DE 1808 de Fernando VII. El escudo de la Nueva España está timbrado con la corona española. De un lado aparece la alegoría de la raza mexica; del lado opuesto,  el águila con la serpiente posa una pata sobre el nopal y un carcaj. Foto tomada de la Internet.

 
Siglo XIX. Con los elementos usuales, se agrega un león que sostiene una espada y el bastón de mando. El león se apoya sobre los dos hemisferios en que tenía sus dominios el imperio español. El águila parece impertinente en la  composición, pero se impone. Las banderolas y armas le dan armonía. Foto tomada de la Internet.

De la Nueva España al México Independiente.

Como todos sabemos, los conflictos políticos en España, a partir de 1808 y a consecuencia de las ambiciones de Napoleón Bonaparte que aprovechó la debilidad del reino español, dieron por resultado la independencia de sus colonias en América. En esa transición nació la Constitución Cádiz, que buscaba  el reposicionamiento y autenticidad del reino ausente e intentaba  la unidad política  y social de  los habitantes de todo el imperio. En uno de los decretos de las Cortes Generales, en que participaron diputados de todas las Colonias, se determinó que:

DECRETO CCLVIII.
DE 26 DE MAYO DE 1813.

Se mandan quitar todos los signos de vasallaje que hubiere en los pueblos.

Las Córtes generales y extraordinarias, accediendo á los deseo que les han manifestado varios pueblos, han tenido á bien decretar por regla general lo siguiente: Los ayuntamientos de todos los pueblos procederán por sí y sin causar perjuicio alguno, á quitar y demoler todos los signos de vasallaje que haya en sus entradas, casas capitulares, ó qualesquiera otros sitios, puesto que los pueblos de la Nación Española no reconocen ni reconocerán jamas otro señorío que el de la Nación misma, y que su noble orgullo no sufriria tener á la vista un recuerdo continuo de su humillacion.- Lo tendrá entendido la Regencia del reyno, y dispondrá lo necesario á su cumplimiento, haciéndolo imprimir, publicar  y circular.- Dado en Cádiz á 26 de Mayo de 1813.- Florencio Castillo, Presidente.- José Domingo Rus, Diputado Secretario.- Manuel Goyanes, Diputado Secretario.- A la regencia del reyno.- Reg. Lib.2 fol. 179.

(Se respetó la ortografía. Subrayado del autor.)

Lo importante de ese decreto es  que ordena, literalmente, a quitar y demoler todos los signos de vasallaje, recapacitando que ya su noble orgullo no sufriría tener a la vista un recuerdo continuo de su humillación. Con todas esas vicisitudes y encabezada por criollos rebeldes, se suma parte del ejército imperial con Agustín de Iturbide para lograr la Independencia de México hasta 1821. Iturbide se nombra emperador y otra guerra logra constituir la República Federal y la verdadera Independencia. Con Guadalupe Victoria como primer Presidente, surgió la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos de 1824. En consecuencia, surgieron otras leyes y decretos que se generaron en esa época promisoria para deslindarse totalmente de la península ibérica. Entre ellos, respecto al tema que nos atañe, en el Primer Congreso Nacional Mexicano se decretó el 21 de marzo 1825 que:

“Las Villas, Ciudades de los Territorios y Distrito Federal que carezcan del escudo de armas o que lo tengan con jeroglíficos alusivos a la Conquista o Dominación Española, propondrán al Congreso General para su aprobación, el que más le acomode, con tal de que blasone laudable origen”.

No se sabe a ciencia cierta que alguna entidad federal o local haya hecho algún cambio de ese tipo o si los hubo respecto a los jeroglíficos alusivos a la conquista o dominación española,  pues muchos tenían ese origen, incluido el de la Ciudad de México. El pensar  a qué se ha debió, y debe,  esa omisión puede tener muchas causas o respuestas, incluidas  la idiosincrasia de sus habitantes, el conservadurismo por ser de origen español, etc.

Alegoría  de la Coronación de Iturbide. 21 de junio de 1821. Óleo de José Ignacio Paz.
Foto del autor. Museo Nacional de Historia.

Detalle. El  águila mexicana destroza las entrañas del león como alusión
de la emancipación del imperio español.

En  la nueva República persistieron las desavenencias con España que no se resignaba  a  la pérdida de una de sus colonias más importantes. Los españoles más radicales fueron expulsados de México; los que se quedaron fue porque  poseían grandes fortunas, pero querían conservar el abolengo y canonjías de la nobleza hispana. El gobierno federal tomó una decisión definitiva: 

PRIMERA SECRETARÍA DE ESTADO                                       1156

Sección de Gobierno

El Ecsmo. Sr. Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, se ha servido dirigirme el decreto que sigue.

El presidente de los Estados unidos Mexicanos a los habitantes de la República, SABED: que el Congreso general ha decretado lo siguiente.

Quedan estinguidos para siempre los títulos de Conde, Marqués, Caballero y todos los títulos de igual naturaleza cualquiera que sea su origen.

El Gobierno dispondrá se destruyan por los dueños de edificios, coches y otros muebles de uso público los escudos de armas y demas signos que recuerden la antigua dependencia  ó enlace de esta América con España.-Santos Velez, Presidente de la Cámara de Diputados.- José Arcadio de Villalba, Presidente del Senado –Juan Gomez de la Puente, Diputado Secretario. Demetrio del Castillo, Senador Secretario.

Por tanto mando se imprima, publique circule, y se le de el debido cumplimiento: Palacio del Gobierno federal, México 2 de Mayo de 1826.- Guadalupe Victoria. –A.D. Sebastián Camacho.

Y lo comunico á V. para su inteligencia y efectos consiguientes, y que tomando noticia circunstanciada de los monumentos de esta especie, con arreglo al artículo 2. en la comprehensión de su mando, eleve un parte mensual á este Supremo Gobierno.

Dios guarde a V. muchos años, México Mayo 2 de 1826.

Camacho

 (Se respetó la ortografía. Subrayados del autor.)

Debido a la reacción del anti españolismo y a la determinación de ese decreto, seguramente se procedió oficialmente o por manos del mismo pueblo, a borrar a punta de cincel esos escudos. No existe información, o al menos no se ha localizado, alguna orden o crónica  a ese respecto ni qué lugares o espacios ocupaban, aunque afortunadamente hay tres excepciones perceptibles.

En el edificio del ex Palacio de la Inquisición, construido en 1736, en el muro exterior sur se ven claramente restos de cuatro escudos “raspados” o levantados, de los que dos son plenamente identificables.

Ex Palacio de la Inquisición. Fotos del autor.

Escudos levantados del muro sur, de la Santa Inquisición y del rey de España.

La Inquisición Mexicana se estableció desde 1571 debido al gran celo religioso de la corona española. En un grabado, que conserva el Archivo General de la Nación, se ve el Escudo de la Inquisición sostenido por José y María. Abajo, el del imperio español y el de la Nueva España, donde predomina la torre que se sostiene sobre un frondoso nopal,  carece de las calzadas o puente de tres arcos. Los leones forman parte de la orla y se corona con un águila con la serpiente en el pico y una garra. Sorprende que la recelosa Inquisición hiciese uso de esos símbolos indígenas.

Escudo de la Santa Inquisición en la exposición “Yo, el rey” en el MUNAL.
Archivo de General de la Nación. Foto del autor.

Existen dos lugares más en los que se puede ver, o inferir, que  el escudo de la Nueva España estaba ahí labrado, pero se ignora cuándo fueron borrados y si fue producto del último decreto citado. Uno de ellos es la Fuente del Salto del Agua que traía ese producto por un acueducto desde Chapultepec. Existen litografías en que el escudo ya no existe, pero se recurrió una fotografía por ser más verás. Cuando se sustituyó la fuente por una réplica exacta, el escudo quedó plasmado nuevamente.

Es una de las fotografías más antiguas de ese sitio, posiblemente a fines del siglo XIX. No fue posible saber el autor de la foto, pues se tomó de internet. Aún se ven los arcos del  acueducto.  La fuente tiene yerbajos donde caía el agua, pero un aguador está ahí. Se observa que el campo del escudo está vacío, se quitó quizá debido a los decretos que se mencionan, pues los demás elementos de la fuente están intactos. La fuente original es del año 1799, obra de Guillermo Castera. El deterioro de la fuente se solucionó instalando una réplica  del escultor  Guillermo Ruiz en 1948.

Los restos de la fuente original, se encuentra en los jardines del Museo del Virreinato en Tepotzotlán, Estado de México. En los restos se nota mejor el escudo desaparecido.

La fuente antigua en el Museo Nacional del Virreinato. Foto del autor.

Detalle.

Fuente actual. Foto del autor.
  
Detalle.

Otro escudo de la Nueva España,  se infiere que existía  en el remate del frontón de la iglesia de San Hipólito donde se celebraba el Paseo del Pendón cada 13 de agosto.

Iglesia de San Hipólito. Foto del autor.

La iglesia de San Hipólito fue llamada así porque fue el día de ese santo cuando se ganó la batalla final contra los mexicas, el 13 de agosto de 1521 en Tlatelolco. Un año antes, el 30 de junio, Hernán Cortés y su ejército fueron derrotados por los mexicas en su huida hacía Tacuba, fue la llamada Noche Triste. Recordar y conmemorar ahí  su victoria donde perdieron antes, se les hizo justo. La iglesia data de 1740. Antes fue una ermita que se le llamaba de Los Mártires por los españoles muertos en esa batalla.

Como se mencionó, en el frontón de esa iglesia existía también un escudo de la Nueva España  y que seguramente fue borrado por los motivos que se comentan. Era muy similar al de la Fuente del Salto del Agua, presunción que se hace por simple observación. Hasta ahora no se ha encontrado ninguna referencia escrita o ilustración al respecto. Puede verse totalmente liso el campo donde seguramente estaba el escudo. Fuera del campo aún se aprecian los  tambores, banderolas y el armamento español e indígena. En la orla, que está medio conservada,  se distinguen claramente las diez pencas del nopal que tiene el escudo. En la parte superior de éste se nota  una masa amorfa que  seguramente era la corona imperial que lo timbraba, además se ve aún el águila con perfil derecho  y las alas desplegadas que abraza la divisa, aunque muy maltratada. Se nota que hace algún tiempo se restauró.

Remate del frontón de la iglesia de San Hipólito. Foto del autor.



Con esas observaciones, se hizo una reconstrucción digital hipotética:

Estado actual de remate del frontón de la iglesia de San Hipólito.

Reconstrucción digital hipotética del escudo por el autor.

 Época Contemporánea

Con el paso (y peso) de la historia se vislumbraron los nuevos símbolos que sustituyeran los antiguos símbolos de poder. La serpiente sobre el nopal, con el águila añadida, pasó a ser el Escudo Nacional por excelencia para toda la República Mexicana.

Las reminiscencias del escudo de la Nueva España quedaban aún en suspenso pues el  escudo del Ayuntamiento de la Ciudad de México aparecía aún el puente con los tres arcos, con el águila sosteniendo a la serpiente sobre el nopal. Se añadían las ramas de encina  y laurel.

 
Escudo del Ayuntamiento de la Ciudad de México, 1888. Foto tomada de la Internet.

En la época de Porfirio Díaz el Escudo Gobierno del Distrito Federal se eximió de usar el puente que hacía referencia a un elemento del pasado escudo.


Escudo Oficial del Ayuntamien
Escudo Oficial del Ayuntamiento de la Ciudad de México en la época porfirista.
Foto tomada de la Internet.

El gobierno  de Don Porfirio Díaz se propuso festejar el primer Centenario de la Independencia de México, con grandes obras y festejos. Una de ellas fue  la remodelación del Ayuntamiento del Distrito Federal. Las obras se iniciaron en 1907 y culminaron hasta 1929, a cargo del arquitecto Manuel Gorozpe.  En los torreones que se adosaron al edificio se colocaron cuatro águilas con la serpiente, pero sobre el puente de los tres ojos. El error de percepción siguió vigente.

Foto del autor.

Incluso,  y de manera más tímida, al construirse el  nuevo  edificio en 1941, ya como Departamento del Distrito Federal, en el frontón se incrustó el águila, la serpiente y el nopal sobre el mismo  puente con las ramas de encina y laurel.

Foto del autor.

Fue en la época del gobierno de Álvaro Obregón en que se designó al territorio del Distrito Federal con un Estatuto de Gobierno diferente a los demás Estados de la República Mexicana. Oficialmente como Departamento del Distrito Federal se volvió a usar el antiguo escudo de la Nueva España. Su diseño ha tenido cambios insignificantes, pero la persistencia de su uso le dio vigencia al desconocimiento de su origen y significado, pues no se supo cómo o qué hacer para cambiarlo.


Conclusión

Es innegable que la lengua y la cultura novohispana, además de  la arquitectura civil y religiosa de lo que hoy es México, son una herencia invaluable, que se asimilaron y enriquecieron profundamente con lo que fue el México Antiguo (en referencia a sus culturas originarias), pero no debe persistir la naturaleza iconográfica de los signos de poder que siguen perdurando en el Escudo de la Ciudad de México.  

Ese escudo, de hace 493 años, en sí mismo es un espejo de la barbarie que justificó un acto de conquista, se insiste, válido en su tiempo para la monarquía española, pero  inadecuado para el México de hoy.

Debemos repensar que la única riqueza real de la humanidad, y que la identifica como tal, es su cultura. Nuestra herencia  cultural es tangible y producto de nuestra sociedad en su proceso histórico. Con ese gran legado es posible proponer,  establecer o diseñar  un emblema conveniente y verdaderamente representativo que nos identifique.  Emblema porque no sería un “escudo de armas”;  pues no es un escudo defensivo ni representa armas, términos belicistas o de “nobleza” en el contexto de una heráldica que nos es ajena.

El cambio del escudo de la Ciudad de México, con los argumentos antes expuestos invitan a una reflexión seria y responsable, como se mencionó al principio, alejados y ajenos de fobias o atavismos.

Se debe considerar que  los testimonios  aquí mostrados, por su valor, superan en sí mismo este trabajo.  Reconsiderar que es la propia historia, los hechos, circunstancias y sus protagonistas, que lo esperarían ya de nosotros como ciudadanos.

Procedería, así,  que se analizara, organizarnos y proponer un Nuevo Emblema para la Ciudad de México. La intervención de historiadores, cronistas, diseñadores, además  de la intervención y consenso de la ciudadanía en general, sería el proceso más natural  para logarlo.

Ardán Carlo Montiel Jiménez  
Ciudad de México, Abril del 2016.                                                                               

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